
En Italia, hace siglos, los municipios habÃan dado señales de querer transformar la ciudad en Estado. ParecÃa que las ciudades deberÃan combinarse en una gran confederación. Esta idea se repetÃa constantemente entre estadistas italianos, independientemente de las diferencias de forma que mostraban de vez en cuando. De hecho, durante las luchas de los siglos XII y XIII, las grandes y formidables ligas realmente fueron formadas por las ciudades.
Los armamentos finales de la confederación Lombarda contra Barbarossa (en 1168) fueron el momento en que una liga italiana universal era posible. Pero los Estados de Italia más poderosos habÃan desarrollado ya rasgos caracterÃsticos que hicieron ese esquema irrealizable. En su trato comercial, las ciudades de Italia no tuvieron valor para tomar ninguna medida extrema, que pudiera dañar a sus competidores.
Sostuvieron a sus vecinos más débiles bajo la condición de dependencia indefensa. En Italia, cada uno de ellos se imaginó que podrÃa avanzar por sà mismo, sin la ayuda del resto, y asà prepararon el terreno para la futura usurpación.
El usurpador en Italia estaba próximo cuando entra en conflicto la nobleza y la gente, y entre las facciones diferentes de la nobleza, se habÃa despertado el deseo de un gobierno fuerte. Los mercenarios estaban listos y complacientes a vender su ayuda al mejor postor. HabÃan reemplazado la voluntad general de los ciudadanos, que los lÃderes de partido ahora no encontraban adecuada a sus objetivos. Los tiranos en Italia destruyeron la libertad de la mayor parte de las ciudades; aquà y allá fueron expulsados, pero durante un tiempo corto; siempre eran restaurados, ya que las condiciones sociales eran favorables a ellos, y las fuerzas opositoras estaban agotadas.
Entre las ciudades que mantuvieron su independencia están dos con una gran influecia y significado profundo para la historia de la raza humana: Florencia, la ciudad del movimiento incesante, que nos ha dejado un registro de pensamientos y aspiraciones, durante tres siglos, participó en este movimiento, y Venecia, la ciudad del estancamiento aparente y del secreto polÃtico. Ningún contraste puede ser imaginado más fuerte que esto que nos es ofrecido por estas dos ciudades de Italia, y no puede ser comparado a nada que el mundo haya producido hasta ahora.

Venecia se reconoció desde el principio como una creación extraña y misteriosa, fruto de un poder más alto que el ingenio humano.
La fundación solemne de la ciudad era el sujeto de una leyenda: el 25 de marzo de 1413, al mediodÃa, los emigrantes de Padua pusieron la primera piedra en el Rialto, donde podrÃan tener un asilo sagrado, inviolable ante las devastaciones de los bárbaros. Los escritores posteriores atribuyeron a los fundadores el presentimiento de la futura grandeza de la ciudad.
Venecia, la ciudad de la isla, era la joya del mundo al final del siglo XV.
La Civilizacion del Renacimiento en Italia: Venecia y Florencia
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